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El
ajo ocupa un lugar importantísimo en la historia
culinaria así como de la medicina popular y en
los ritos y creencias de casi todas las religiones y
de las más diversas tradiciones mágicas.
A
lo largo de su historia el ajo, tanto en su concepción
como en su uso, ha tenido verdaderos altibajos, seguidores
y detractores de todo signo y color se alternan con
contados puntos de equilibrio, desde el refinamiento
más sutil hasta el relativo oscurantismo al que
lo condena la época contemporánea tan
ávida de productos llamados "light":
incoloros, inodoros e insípidos.
El
ajo es planta bulbosa de la familia de las Lilas, Allium
Sativum, el bulbo de esta planta de olor muy intenso,
esta compuesto de pequeñas secciones a las que
se denomina dientes.
Hoy resulta incuestionable la importancia
del ajo en la dieta y en la farmacopea de las civilizaciones
más antiguas. Llegó a ser tan apreciado
en el antiguo Egipto que se utilizaba como moneda de
cambio.
Siempre se le reconocieron sus propiedades
mágicas y curativas, el ajo estaba destinado
a preservar la salud y a mantener alejados a los malos
espíritus.
Para los judíos era y es una
parte fundamental de su dieta y ya entonces eran conocidos
sus efectos estimulantes en el organismo y más
concretamente sus efectos afrodisíacos, revitalizando
el organismo y acrecentando el deseo sexual.
Hoy sabemos que el ajo es un eficaz
bactericida capaz de protegernos de ciertas infecciones
y enfermedades así para los pueblos antiguos
estos resultados desconocidos solo podían ser
magia.
En la antigua Grecia el ajo se utilizo
tanto con fines mágicos, dietéticos como
curativos, Homero se encargo de rescatar a Ulises con
los poderes mágicos de este condimento en una
de las referencias mas conocidas de entre los textos
clásicos al ajo al que llamo Moly.
Aun hoy se sigue utilizando el ajo contra
el conocido "mal de ojo". Hipócrates
y Aristóteles alabaron sus virtudes.
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