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Consumir ajo tiene efectos benéficos

Al ajo se atribuyen una infinidad de propiedades y desde tiempos ancestrales es utilizado para curar diversas dolencias del ser humano. La ciencia médica ha investigado algunas de ellas, corroborando algunos efectos benéficos. Aún queda mucho por investigar.

La investigación científica ha comprobado algunas de las propiedades curativas que desde centurias se atribuyen al ajo. Entre ellas, la de reducir los triglicéridos, lípidos y colesterol en sangre, sin embargo aún existen controversias respecto de su eficacia en el tratamiento de la diabetes.


Así lo pudo conocer Bibliomed a través de la doctora Luzmila Troncoso, doctora en Educación y Medicina, coordinadora de la Maestría en Nutrición de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima (Perú).

La especialista explicó que la composición química del ajo (Allium sativum L.) es la allicina, ajoeno, dialilsulfuro, vitaminas A y C, saponinas y esteroides.



Refirió que se han realizado numerosas investigaciones, donde se ha comprobado que consumir una cantidad determinada de ajo crudo por semana, tiene efectos benéficos con la hipotrigliceridemia (reduce los triglicéridos en sangre) y la hipobetaliproteinemia.

Según éstas investigaciones, el ajo reduce asimismo los niveles de lípidos y colesterol en sangre, y tiene efectos antitrombóticos (el ajoeno) por inhibición de receptores de fibrinógeno en las plaquetas. A la acción antiplaquetaria, entonces, se suman la acción antitrombótica y antimicótica (dialilsulfuro), señala.

Respecto al empleo del ajo para el control de la diabetes, existe aún controversia y es necesario continuar con las investigaciones, señala la doctora Troncoso. Por un lado, tiene compuestos con acción hiperglicemiante, por otro lado, la allicina y el dialilsulfuro son hipoglicemiantes en animales y en humanos, según indican las investigaciones.

La especialista citó asimismo una investigación realizada en la Universidad de Wolverhampton (Inglaterra), la misma que concluyó que el ajo actúa contra las bacterias que provocan intoxicación alimentaria en el sistema digestivo humano (Listena y Salmonella) a partir de su compuesto allicina.

Refirió que la acción in vitro de ésta actuaba contra los microorganismos: Candida albicans, Estafilococo aureus, Trichomona, Escherichia coli, Salmonella, Vibrio cholerae, herpes simples, influenza B, así como algunas bacterias Gram-positivas y Gram-negativas, hongos (dermatofitos y levaduras).

Se ha comprobado además clínicamente su eficacia en tratamientos de disentería bacilar, con un 67 por ciento de eficacia, y amebiana, con un 88 por ciento de eficacia.

Al ser preguntada sobre su efecto como antibiótico, precisó que al parecer las investigaciones realizadas hasta la fecha sólo le atribuyen una efectividad no mayor al 30 por ciento.

“El uso medicinal del ajo, particularmente de los bulbos o dientes de ajo si se consumen crudos, ha sido aprobado por la Comisión Reguladora de Productos Farmacéuticos básicamente referido a su efecto como hipotensor, por eso no nos aventuramos a recomendarlo estrictamente como un antibiótico natural”, dijo.

El ajo es una planta herbácea, perenne, bulbosa, de olor penetrante, que se utiliza con fines medicinales desde la antigüedad. Los Sumerios, por ejemplo, la usaron hace 5 a 6 mil años.

Esta planta crece en casi todo el mundo, sobre todo en climas cálidos y templados. Se emplea como condimento, alimento y en medicina tradicional; también se le asocia con ritos mágico – religiosos para alejar los espíritus malignos.

Es muy extensa la lista de propiedades que se le atribuye en medicina tradicional, siendo las de mayor auge su empleo como hipotensor, para combatir la gripe, la bronquitis y el asma.

La doctora Troncoso, refirió que el ajo debe consumirse crudo, en tintura o jugo, pues cuando se cuece pierde más del 90 por ciento de su acción terapéutica y microbicida. Formuló como advertencia que el uso diario y prolongado de ajo en gran cantidad puede causar calor, sensación de quemazón y hormigueo en labios y lengua, sudor, mal aliento, vértigo, ardor en ojos, náuseas, diarrea, gastritis.

 

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